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6 mayo, 2019
Acaba con las discusiones familiares

Es habitual: tenemos un mal día y terminamos por ‘pagarlo’ en casa con nuestra pareja, la persona con la que tenemos más confianza. Y si encima nuestro hijo ‘pasa de nosotros’, es difícil no gritar. Pero ¿sabías que muchas discusiones se podrían evitar tan solo con hablar?   Es perfectamente normal y mentalmente saludable comentar […]

Es habitual: tenemos un mal día y terminamos por ‘pagarlo’ en casa con nuestra pareja, la persona con la que tenemos más confianza. Y si encima nuestro hijo ‘pasa de nosotros’, es difícil no gritar. Pero ¿sabías que muchas discusiones se podrían evitar tan solo con hablar?

 

Es perfectamente normal y mentalmente saludable comentar los problemas que nos hayamos encontrado en el día con nuestra pareja, pero cuando estamos especialmente irascibles nos pueden sacar de quicio comportamientos a los que estamos habituados.

 

Con nuestra pareja

La clave pasa por transformar las discusiones en conversaciones productivas que fortalezcan la relación.

1. No te pongas a la defensiva

Una de las mayores trampas de una discusión es la falsa creencia de que alguna de las dos partes tiene que ganar, por lo que inmediatamente tomamos una postura defensiva para evitar ser la parte perdedora. Cambia tu postura defensiva e individualista por una que te haga más sensible y consciente de la relación y del impacto que la discusión tendrá en ella. Así podrás ver de manera objetiva el desacuerdo, y hasta descubrir que tiene muchísima menos relevancia que la relación y que no hay necesidad de vencer a nadie, sino de conservar el vínculo.

2. Céntrate en hechos, no enlos juicios

Lo ideal es plantear las cosas como si estuvieras haciendo una crónica de la situación, centrándote en los hechos y no en los juicios. Así evitarás dejarte llevar por las emociones y desviar la comunicación. Si hay algo que te molesta de tu pareja, intenta verlo como característica, no como defecto. Evita los sustantivos y reemplázalos por verbos que sugieran un cambio o mejora: hagamos, evitemos, resolvamos…

3. No busques tener la razón

Si vas a entrar en una conversación acalorada, no pelees por tener la razón, sino por llegar a la conclusión de cuál es la postura que necesita la relación, no la que necesita cada uno: “¿Qué es lo que nos conviene pensar por nuestro bien?”.

4. No te precipites

Si en una primera conversación no con- seguís resolver vuestras diferencias o generar una conclusión, es posible que necesitéis tomar un poco de distancia y tiempo para que ambas partes tengan la oportunidad de cuestionar sus propias posturas y reflexionar las ideas del otro.

5. Realiza la pregunta clave

Antes de engancharte en la frustración por no salirte con la tuya y tomar una decisión equivocada, pregúntate: “¿Estás dispuesto a buscar una mejor solución que la que hemos encontrado cada uno por separado?” Recuerda que nuestras conversaciones nos definen. Antes de entrar en una discusión, piénsalo dos veces.

 

Con nuestros hijos

Que levante la mano el padre que no repite hasta la saciedad las mismas cosas: “Por favor, no tires tu mochila en la entrada”, “ordena tu habitación”, “A cenar”. Y esas mismas situaciones implican reiteradas discusiones con nuestros hijos. Pero los niños pueden argumentar bien cuando la situación lo requiere, así que sugerimos algunos trucos:

1. Decide si vale la pena pelear

Hay que definir en que temas vale la pena realmente entablar una discusión con nuestros hijos. Realiza una lista de diez cosas que necesitas que tus hijos realicen, sin necesidad de repetírselas todos los días. De esa lista, escoge las tres primeras, que seguramente serán las más importantes para ti, y acuerda con tu hijo que a partir de ese momento necesitas que se ocupe de esas tres cosas.

2. Implementa las consecuencias

Un ejemplo: cuando tropieces de nuevo con la mochila de tu hijo, no grites ni te enfades. Coge la mochila y escóndela. Y cuando te pregunte dónde está respóndele que seguramente está donde la dejó al entrar en casa. Cuando le entregues la mochila, tras un buen rato de búsqueda, tendrás toda su atención.

3. Llega a un acuerdo

Busca un lugar neutral para charlar y hacerle entender que tenéis que resolver un problema y que es mejor hacerlo cuanto antes. Dale tu punto de vista, escucha el suyo e intenta llegar a un acuerdo.

4. Apuesta por el respeto mutuo

Evita discutir desde la otra habitación con tu hijo y no utilices el sarcasmo. Esto solo abrirá una brecha entre los dos. Tampoco debes compararlo con otros niños ni con lo que tú hacías cuando tenías su edad. No insultes ni etiquetes, porque tus hijos pueden terminar creyéndose las etiquetas, si las escuchan muy a menudo y pueden mermar su autoestima y hacerles infelices.

5. No llevar la contraria a la pareja

Nunca debemos quitar la razón al otro progenitor delante de los hijos, aunque no estemos de acuerdo en la forma de educarles o uno sea más permisivo que otro en algunos aspectos.

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