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19 diciembre, 2019
Tengamos la fiesta en paz

Los encuentros navideños pueden ser motivo de roces entre cuñados, suegros o hermanos. Evita que ocurran siguiendo estas pautas. Antes incluso de que comiencen las navidades, surgen los primeros conflictos para decidir dónde cenaremos en Nochebuena o comeremos en Navidad. Cuando llegan las fechas señaladas, la tensión aumenta por un comentario desafortunado que te hizo […]

Los encuentros navideños pueden ser motivo de roces entre cuñados, suegros o hermanos. Evita que ocurran siguiendo estas pautas.

Antes incluso de que comiencen las navidades, surgen los primeros conflictos para decidir dónde cenaremos en Nochebuena o comeremos en Navidad. Cuando llegan las fechas señaladas, la tensión aumenta por un comentario desafortunado que te hizo tu cuñado o suegra y, lo que prometían ser unas fiestas felices, acaban desembocando en disputas familiares. Solo con buena actitud y mano izquierda conseguiremos que los problemas con nuestros seres queridos no lleguen nunca a crear heridas profundas.

Buena comunicación

“Es muy importante que no haya malos entendidos, explicarnos, empatizar, intentar entender antes de sentirnos ofendidos”, explica la psicóloga Ana Asensio (vidasenpositivo.com). Debemos intentar pensar que el otro no quiere fastidiarnos y preguntar asertivamente antes de sentir o pensar que es nuestro enemigo. Muchas veces las relaciones pasan por momentos estresantes y hacen que nos confundamos y no valoremos objetivamente lo que está sucediendo.

Clima de respeto

Toda relación tiene que estar basada en el respeto hacia el otro, en aceptar sus gustos y su manera de ver la vida. “No intentes cambiar sistemáticamente la forma de ser del otro ya que fomenta la falta de respeto y hace aumentar el mal ambiente familiar”, apunta la psicóloga Pilar Conde. Cuando se tienen hijos, hay que hacer hincapié en este punto para que no imiten una mala conducta.

Reduce tus expectativas

Tenemos la fantasía de que la Navidad es un tiempo maravilloso, que todas las demás familias se encuentran en armonía menos la nuestra. Queremos que todo sea perfecto, pero no puede serlo. Disminuye tus expectativas: si puedes terminar el almuerzo sin que alguien se vaya o grite, habrá sido una buena velada.

Ten también un horario establecido. Informa a tus invitados sobre la hora a la que esperas que vengan y la que consideras dar por terminada la comida o cena, así evitarás que muchos se queden por compromiso o que tantas horas juntos hagan aumentar las probabilidades de roces entre vosotros. ¡Y no coloques a dos familiares que se llevan mal al lado! Utiliza marcadores en los vasos o escribe en papeles decorados dónde debe sentarse cada uno.

Pilar Conde, Directora técnica de Clínicas Origen (clinicasorigen.es), nos dice que ante cualquier conflicto familiar, cada miembro tiene que expresar su punto de vista sobre lo que considera importante. Una vez establecidas las pautas, negociar de tal manera que todos queden satisfechos y estén de acuerdo en cómo enfocarlo. Hay que escuchar de manera activa, entendiendo y no juzgando las opiniones. Y sobre todo, tener ganas y actitud, entender que mantener una familia feliz es cuestión de voluntad, actitud, madurez y compromiso.

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